Todo comenzó en las calles de Bogotá, con dos hermanos boyacenses que, impulsados por la necesidad y el deseo de salir adelante, cargaban al hombro un costal lleno de tenis. Cada venta era un paso más hacia un sueño que todavía no tenía nombre, pero que ya empezaba a construirse con esfuerzo, sudor y determinación.
Sin un local fijo, cada día terminaba con la misma pregunta: ¿Dónde guardamos la mercancía esta noche? Hasta que, frente al lugar donde ofrecían sus productos, descubrieron una oportunidad. Un pequeño centro comercial llamado Expo 38. Fue allí donde abrieron su primer local.